ANIMALES FANTÁSTICOS: LOS CRÍMENES DE GRINDELWALD

Terminaba mi crítica, de la primera entrega de las aventuras de Newt Scamander, afirmando que algo de la magia de Hogwarts se había perdido por el camino; y justamente lo opuesto es el principal valor de estos crímenes de Grindelwald: la secuela gana enteros al ir conectando ambas franquicias, mediante pequeños (o enormes) detalles, que hacen gritar al pottermaníaco de auténtico júbilo.

Sufriendo el mal de la película puente (ni empieza, ni acaba), la mayor carga dramática de la cinta supone todo un acierto, frente a la ligereza del film inicial, mucho más simpático y distendido; el factor Thanos ha inundado las pantallas y Grindelwald es un bastardo (nazi) al que hay que temer muy mucho.

Con unos efectos especiales apoteósicos (de nuevo) y con los actores más cómodos en sus personajes, el film se las apaña para ir de menos a más y dejar con ganas de ver el devenir de la historia. Scamander, progresa adecuadamente.

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