ARDE MADRID

Mi principal crítica hacia Arde Madrid, afortunadamente, no tiene nada que ver con sus méritos técnicos o artísticos; sino más bien con su desproporcionada y abusiva campaña de marketing. No me gusta que me bombardeen, y la ficción de Paco León lleva semanas haciéndolo, asaltándome desde redes sociales (plagadas de moderneo y postureo) y medios. Me parece muy bien que se vea (y consuma) ficción española, pero lo que se crítica para Marvel, por ejemplo, también debería hacerse para una producción de Movistar, que escasita, escasita de cuartos tampoco anda.

Como serie de televisión, Arde Madrid es completamente satisfactoria, situándose a medio camino entre el costumbrismo y la subversión; aprovechándose de un reparto en absoluto estado de gracia, que se encuentra tremendamente cómodo en sus papeles.

Hay que reconocerle a León el acierto de mostrarse más comedido (salvo en la ensoñación de Inma Cuesta) que en anteriores incursiones tras las cámaras, centrando sus esfuerzos en la recreación histórica y en plasmar, en acertado blanco y negro, un divertido y medido guion, que siendo sincero, también abarca demasiado. Sea como sea, una nueva alegría serializada.

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