BIG LITTLE LIES

Big Little Lies es esa serie que te pilla desprevenido y te va dando pequeños golpes a medida que te engancha. Abre con un crimen del que no sabemos ni quién es el asesino ni quién es la víctima. Una retahíla de vecinos con la lengua muy larga van ayudando a reconstruir la historia. Hasta aquí, todo normal.

En el primer capítulo, podemos cometer la torpeza de creer que estamos ante un remake estilizado de Mujeres Desesperadas…Nos llevamos la primera en la frente. Va mucho más allá. Trata de mujeres, sí, de amas de casas, pero sus tramas no están siempre ligadas a sus hijos y maridos.

Nicole Kidman y Alexander Skarsgård están sublimes en una relación de lo más tormentosa que se pueda ver en este tipo de formatos. Increíbles en sus actuaciones y arriesgando mucho en  escenas muy subidas de tono por lo violento y lo sexual de la historia. A partir de ahí no paramos de recibir un golpe cada vez que, como espectador, nos atrevemos a juzgar de manera simplista.

Como se cierra, de manera perfecta, la trama en una sola temporada, tenemos el lujo de ver coincidir en pantalla a  Reese Whiterspoon, Shailene Woodley y Laura Dern. ¡Por fin actrices cuyas edades se adecuan a los papeles que interpretan!

No me sorprende que HBO  se haga eco de la demanda de temática feminista del público. Big Little lies,The handmaid’s Tale, Bette y Joan… Lo que sí es de aplaudir es que lo hagan sin caer en los clichés y dando un paso más. Para saborear en vacaciones

 

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