CLÍMAX

Gaspar Noé es un tabarras y, como tal, su cine siempre tiende al exceso. Clímax es otro nuevo empacho estético y (supuestamente) transgresor, del director que consiguió que odiara el séptimo arte con Love. Tras las aclaraciones previas, esta orgía de LSD me ha gustado, pero no lo suficiente como para recomendarla.

No puede negarse la energía “física” del film, así como resulta obvio elogiar su virtuosismo (y riesgo) formal, pero no deja de ser una obra que no cuenta absolutamente nada, y sobre la que pesa el riesgo de no entrar en el juego que propone: en ese caso, el empacho estético  no sirve para contrarrestar una carencia de personajes interesantes y un punto de partida que no deja de ser eso, simplemente un arranque… que termina por no ir a ningún lado, por mucho rótulo y metáfora social que tenga a bien plantar el argentino en pantalla.

Disfrutables son sus tropos de cine de terror y sus homenajes/influencias más o menos veladas (para más información prestar atención, especialmente, a dos de los vhs de la introducción del film), así como su jugueteo con la idea satánica y ritual; pero ¿suficiente para ganar Sitges?, y aún más importante, ¿y si no me gusta bailar señor Noé?.

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