DEADPOOL 2

La segunda entrega de las aventuras del mercenario bocazas parte con la ventaja de poder evitar el trámite de historia de origen, que al fin y al cabo era el punto más flojo de su predecesora, para entregarse en cuerpo y katanas a lo que todos deseamos ver en pantalla: chistes, violencia y máscaras.

¿El resultado? Si bien se ha perdido, inevitablemente, algo de la frescura que representó un film superheroico que se pasaba por el forro todas las reglas previas sobre el género (algo que ni siquiera Kick-Ass hizo realmente); ahora la historia puede abrazar el desenfreno narrativo sin ninguna excusa (el éxito le avala) y hacer compartir secuencias onírico-celestiales con chistes sobre pollas grandes entre piernas pequeñas. ¿Más endeble argumentalmente? Cierto ¿Más divertida? También.

Aún esbozados, Cable y Domino cumplen y entusiasman, las secuencias de acción funcionan y los chistes son tan acertados como delirantes (resulta impagable toda la secuencia que atañe a X-Force); pero lo más disfrutable son los pequeños cameos y detalles que los fanáticos del personaje disfrutaremos con locura. Para nada decepcionante.

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