EL GUARDIÁN INVISIBLE

Si alguien me dice hace un par de años que iba a gustarme un film del director de Palmeras en la nieve, Tres metros sobre el cielo o Tengo ganas de ti me hubiera carcajeado en toda su cara, de forma grotesca y desproporcionada además. Teniendo en cuenta que no he visto ninguna de las películas citadas, ya podéis haceros una idea de la asquerosa integridad de la que hago gala como crítico cinematográfico. Dicho lo cual, El guardián invisible me ha gustado, bastante.

González Molina me ha dado en todos los morros con un cuidado trabajo de ambientación y atmósfera, gracias a esa perpetua lluvia, esa constante niebla y esas noches más negras que la boca de un lobo. Navarra, y concretamente el pueblo de Elizondo, se convierte en el personaje más potente de la cinta, algo que visto el nivel interpretativo no era muy difícil, y es que aquí hallamos el principal hándicap al que debe hacer frente la película: la impostura de las secuencias puramente detectivescas, en las que los actores y actrices deben hablar como policías científicos y detectives en la escuela USA. Los actores se esfuerzan, pero queda claro que funcionan mucho mejor en el ámbito más cercano y terrenal (los fantásticos flashbacks, la tensa comida familiar) que en las secuencias procedimentales.

Y el gran mérito de la cinta consiste en alejarse de fórmulas de probado éxito dentro del actual thriller español y permitir la filtración de ribetes fantásticos que enriquecen, diferencian y convierten el visionado en satisfactorio. No hay nada más castigado que la boca y ahora tendré que ver el díptico romántico (y trío amoroso) de Casas, Valverde y Lago…. ¡y una polla!

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