EN LA HIERBA ALTA

Tras su paso por Sitges, ya podemos disfrutar en Netflix (ese demiurgo cada vez más endeudado) En la hierba alta, proyecto tremendamente apetecible, a priori, por el nombre de los implicados: adaptando una novela corta de Stephen King y Joe Hill, es decir padre e hijo, bajo la dirección de un recuperado a la causa Vincenzo Natali (lejanos quedan los tiempos de Cube o incluso Splice) y con la participación de toda una figura del fantástico actual como Patrick Wilson, elevado a los altares por la dupla Insidious-Warren.

Sin ser una mala película, esta adaptación queda lejos, siendo sinceros, de otras propuestas similares del canal como El juego de Gerald. Los mejores momentos de la cinta se concentran en sus primeros compases, aquellos en los que el desconcierto reina y no tenemos ni pajolera idea de qué está pasando. El problema radica en que la premisa no puede mantenerse todo el metraje (¡Ay King…!) y la propuesta termina resultando derivativa.

Sin ofrecer soluciones satisfactorias, más allá del aroma Lovecraft o incluso Barker de ciertos tramos, tampoco podemos negarle a la cinta una notable factura técnica y alguna que otra secuencia de potente calado terrorífico, con cierto (y agradecido) arrebato de gore despendolado.

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