ÉRASE UNA VEZ EN…HOLLYWOOD

La novena película de Tarantino hace muchas cosas al mismo tiempo. La mayoría de ellas bien. No hubiera pasado nada si esta fábula bienintencionada supusiera su testamento cinematográfico, ya que es el mayor poema de amor hacia el séptimo arte que servidor ha visto en toda su vida.

A título personal he disfrutado descubriendo que Tarantino sería, si quisiera, un excelente director de cine de terror (la secuencia del rancho), alejado de las tonterías ombliguistas de Death Proof, y, además, que el realizador americano odia a los hippies, concepto que me satisface sobremanera.

Jugando constantemente con las expectativas (la resolución de la citada secuencia en el rancho, el clímax final), la película juega su mejor baza en la simpatía que despiertan sus protagonistas, que se echan de menos cuando no aparecen en pantalla. Con un reparto entregadísimo (lo de DiCaprio es de otro planeta) y una deliciosa puesta en escena, es posible que Érase una vez en… Hollywood sea la obra más divertida y luminosa de su realizador.

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