HELL FEST

Soy el primero en reivindicar la maravilla que es Hereditary; del mismo modo que La bruja me resulta apasionante; pero tampoco podemos olvidar que el cine de terror no necesita (ni nunca lo ha hecho) coartadas intelectuales, ni posibles dobles lecturas para poder existir como género sin motivo alguno de desprestigio.

Hell Fest es un oasis, en un desierto plagado de productos que visten marcado traje comercial preexistente (llámalo modelo Blum, llámalo modelo Wan) y de propuestas que andan empeñadas en levantar una ceja con ironía y ser las más sabiondas de la clase. Hell Fest es un slasher tan limitado como divertido.

Los (estúpidos) protagonistas no tardan ni cinco minutos en entrar en ese mega-parque temático del terror, que, a modo de personaje añadido, se convierte, junto a su diseño de producción, es lo más destacable del film. Personajes cretinos (e intercambiables), asesino implacable, sustos de tren de la bruja y un par de contundentes muertes son suficientes razones para hacer pasar un muy buen rato y olvidar la fuerza que pierde su tercio final. Y todo ello sin tener que recurrir a sintetizadores ochenteros.

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