HELLBOY

Cada día que pasa me fio menos de internet. Solo hace falta ver las furibundas reacciones (en contra) de la última temporada de Juego de Tronos, para cerciorarse de que la “democratización” (con un entrecomillado muy marcado) de la información simplemente ha conducido a un estado de las cosas que equivale a: los productos culturales tienen que estar hechos directamente para mí, para mi niño interior de 10 años y en caso contrario, la rabieta y el grito va a ser de aúpa. Que ahora se oye mucho más a los imbéciles vaya, y estos poco tienen que decir, salvo gritar.

Hete aquí que iba dispuesto a defraudarme, a echar mucho de menos a del Toro y a llorar por la oportunidad perdida, pero resulta que el nuevo Hellboy es probablemente una película más divertida que el díptico del director mexicano y, sobre todo, una obra mucho más desvergonzada.

Dejando de lado el halo romántico que del Toro siempre imprime a sus monstruos y sus cuentos, Marshall prefiere bañar la cinta de criaturas demoniacas, acción, ritmo speedico, constantes one-liners, gore despendolado (aunque censurado en nuestro país, un territorio que no tiene restricción de edad para entrar en las salas…¡de locos!) y un aire heavy metal que resulta una auténtica gozada.

Menos sentida que sus predecesoras, pero mucho más ruidosa (en el buen sentido), estamos frente a un refrescante soplo de aire fresco dentro del género superheroico. Secuencias como las de Baba Yaga y set-pieces como la lucha contra los gigantes demuestran que Hellboy tendría, si le dejaran, mucho que contar.

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