JOHN WICK 3: PARABELLUM

A pesar de que la mitología que decidieron expandir en la segunda entrega no de más de sí (risible resulta al respecto la excursión por el desierto de esta nueva secuela), John Wick se ha convertido, por derecho propio, en la saga insignia del reciente cine de acción. Evitar los desfases del despiporre de Fast and Furious le ha otorgado un plus de credibilidad, y porque no decirlo, prestigio; a pesar de ser películas que hacen del tiro en la cabeza su santo y seña.

Continuando, literalmente, la anterior entrega, el principal problema de este Parabellum es obcecarse en no cerrar nada, volviendo a dejar las puertas abiertas para una, confirmada, cuarta entrega. ¿Qué nos queda por el camino? La explotación superlativa de la set-piece de acción como recurso narrativo: ahora, cada escenario, ya sea una habitación llena de espejos o una cuadra, se encuentra al servicio del sopapo bien plantado.

Siendo muy digna como tercera entrega, las correrías del asesino del perro, nos permiten disfrutar de un recuperado Mark Dacascos, que disfruta cada disparatada línea de guion, y reivindicar, de nuevo, a Keanu Reeves como improbable y taciturno actioner contemporáneo.

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