KILLER JOE

Pongámonos en situación: Gina Gershon, la fulanilla de Labios Ardientes, le realiza una felación a un Matthew McConaughey vestido de vaquero. Hasta aquí todo (relativamente) normal ¿no? Pero y si os digo que la Gershon tiene la nariz rota de un sopapo (y obviamente la cara chorreandito sangre) y que McConaughey ha sustituido su miembro viril por un pedazo de pollo frito… como que la historia cambia.

Una mirada sucia y descarnada al pestilente white-trash, que tanto nos gusta en Azote, es lo que ofrece William Friedkin en Killer Joe. El realizador de El Exorcista se disfraza de un Tarantino con menos verborrea y nos ofrece un carnaval de humor negro, mal rollo en pequeñas dosis y sexo guarrete.

Una pequeña sorpresa, con un humor cruel pasado de vueltas, marciano a más no poder y con un acertado reparto, en el que destacaremos a Thomas Haden Church, no por méritos (McConaughey lo hace francamente bien), sino por que su papel de absoluto imbécil resulta tremendamente divertido.

Asesinos, mafiosos, violencia, sexo y pollo frito. Más o menos, todo lo que hay que pedirle a esta perra vida.

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