KINGSMAN: EL CÍRCULO DE ORO

La pérdida de novedad y sorpresa respecto al Kingsman original, ha sido suplida en este círculo de oro con una mayor carga paródica, caótica e imprevisible, por parte del director Matthew Vaughn y la guionista Jane Goldman, que se dejan de elegancia (más allá del surtido de trajes) y se acercan sin miedo al tono pop y estrafalario que su predecesora solamente acariciaba.

Todo fluye mejor y la ristra de situaciones es, por disparata, mucho más divertida, además de poder prescindir del inevitable proceso de entrenamiento para entrar directamente en harina, con una impactancte set-piece de apertura. No hay otra secuencia como la de la iglesia, pero el clímax deja en pañales al original.

El apartado actoral también ha crecido a lo bestia (Berry, Tatum, Gambon, Bridges) y su sencillez, su efervescencia y su intención de ir siempre un paso más allá, desde secuaces robots hasta un Elton John karateka, convierten esta secuela en una obra superior a la original.

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