LA MONJA

El principal problema que presenta La Monja, al igual que las dos entregas de Annabelle (spin-offs todos de la saga Warren), es su total y absoluta incapacidad para provocar terror en el espectador; algo que las aventuras de Ed y Lorraine conseguían de manera holgada en su excelente díptico.

El segundo problema que presenta esta nueva entrega del universo cinemático Warren es que, en el fondo, es una película bastante simple y tonta. Lo que puede ser bueno o terrible, según como se mire, y según la seriedad con la que se aborde la propuesta. Afortunadamente, el film queda más cerca de ser un desvergonzado exploit del cine de posesiones y monjas, que de una obra seria.

¿Y que resta? Pues hora y media de cine de terror sin complicaciones, de claro enfoque comercial y señas de estilo muy definidas (sustos estilo Wan, sustos subida de volumen), pero que al menos se siente y se ve diferente al resto de entregas, gracias a una ambientación neblinosa y a un uso obsceno de la iconografía religiosa. Entretiene y hasta termina pareciendo italiana, que es mucho más de lo que puede decirse de las entregas de la muñeca.

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