LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS

El hecho de realizar un remake, en forma de serie de televisión, de Lo que hacemos en las sombras, me sonó en su momento a falta de ideas y estrategia comercial. Acto seguido caí en la cuenta de que el film original no es precisamente una película de Star Wars (comercialmente hablando), por lo que habría que ver como la serie expandía la idea original, sin alagarla ni agotarla.

Tras dos temporadas, puedo afirmar que estamos ante una de las obras más divertidas que pueden verse actualmente en televisión. Ni cambiar los actores ha supuesto un revés: es inevitable querer al cobarde de Nandor, a los hipersexuales Laszlo y Nadja, al pusilánime Guillermo y al tabarras de Colin Robinson, vampiro energético, sin colmillos, que obtiene su alimentación agotando a la gente de puro aburrimiento y principal descubrimiento de la serie.

Haciendo que un formato agotado como el falso documental siga funcionando, estas píldoras de humor vampírico y sobrenatural enganchan sin vuelta atrás. Tremendamente recomendable, si como a mí, cada vez os cuesta más reíros.

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