LOS MERCENARIOS 3

Durante el visionado de Los Mercenarios 3 (gran título) surgen dos problemas: en primer lugar, lo bueno, es decir las secuencias de acción, se acaban demasiado pronto…y tardan demasiado en volver a aparecer.  El film comienza fuerte, con trenes, helicópteros, persecuciones de coches y un desatado Wesley Snipes (lo mejor de la función junto a un histriónico Antonio Banderas),  pero se estanca en su parte central, hasta llegar a un mastodóntico final con más tiros por segundo que un cumpleaños de Diego el Cigala.

¿Y qué nos encontramos en el ecuador del film? Pues un puñado de anodinas y juveniles caras, que no interesan a nadie y que suponen un fallido intento de rejuvenecer una franquicia que encuentra en sus prehistóricos protagonistas su razón de ser. Tatuarse un cuervo y un cráneo no es cosa de mindundis…sobráis muchachitos.

Por muy críticos que nos pongamos (y no es un film para esas tesituras) la sonrisa cómplice termina surgiendo, de forma inevitable, entre tasto chascarrillo, bíceps y palillos en bocas. ¿Es un bodrio? Indudablemente ¿Siente uno la necesidad de pegar cuatro tiros bien daos al salir del cine? La duda ofende.

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