LOS ODIOSOS OCHO

Me ha costado superar Kill Bill 2. Y aún recuerdo como me tiraba de las melenas tras ver la broma (de mal gusto) llamada Death Proof; pero Tarantino ha ido conquistándome, de nuevo, poco a poco. Malditos Bastardos, allano el camino, Django me saco la sonrisa y estos Odiosos Ocho me han ganado por completo.

Tarantino se gusta (quizá demasiado) y tarda casi 90 minutos en mostrar todas las cartas y explicar cuál es el juego del film. Una vez hace el “all in” la fiesta comienza y ya no hay quien la pare. Y sí, recuerda a Reservoir Dogs.

El director ha construido su película en una constante calma tensa, similar al comienzo de Malditos Bastardos, pero alargada a unas casi tres horas plagadas de malnacidos (excelentemente interpretados y dirigidos), momentos sublimes (la “explosión” de café), acertados gags (la puerta) y el mejor monólogo tarantiniano en años; cortesía, como no, del enorme Samuel L. Jackson. Una gozada.

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