MEGALODÓN

Duele pensar lo que podría haber sido Megalodón de continuar en las manos de Eli Roth, que conviene recordar, estuvo al mando del proyecto durante un tiempo; y más viendo lo amaestrado que resulta el producto entregado, con corrección y eficacia domesticada, por un Jon Turteltaub con el piloto de blockbuster veraniego automático.

Aún siendo entretenida en su concepción de Monster-movie estival, se echa en falta una mayor dosis de garra, tanto en las secuencias de acción, como, muy especialmente, en las montruosas, en las que la sangre brilla por su ausencia y lo digital se adueña torpemente de la función.

Statham, derrochando carisma y poderío físico, es capaz de hacerse, mano a mano, con un animal prehistórico: partiendo de esta premia, ¿no tenía sentido abrazar y entregarse sin remilgos al mayor despiporre posible? Un quiero y no puedo, que no resulta horrible, pero sí ciertamente triste.

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