14 MUESTRA SYFY: CRUDO

Aproximadamente a la hora de metraje de Crudo empecé a sentirme mal. Incomodo. Y pensé: ¿en serio soy tan impresionable que me ha hecho efecto la sensacionalista campaña publicitaria del film? ¿Yo, que me tengo por perro viejo, he caído frente a los titulares de desmayos, ataques de ansiedad y de film más polémico del año? Templé la cabeza, recapacité y me di cuenta que la buena de Julia Ducournau es una tramposilla.

El desasosiego de Crudo no radica (que también) en sus puntuales (y violentos) arranques gore, sino en la siguiente máxima: todas y cada una de las secuencias del film resultan incomodas para los protagonistas, y por ende, para los espectadores. No hay momento de respiro en la película. Tanto las situaciones mínimas (una comida en un restaurante) como las más extremas (la segunda fiesta) parten de la incomodidad, y lo misma da un bocado en la cara que una confesión de virginidad a una desconocida: la violentación es constante, en el plano físico, en el plano social, en el plano cultural, en el plano sexual y en el plano familiar.  Este es el mecanismo (tramposo) que la directora usa para magnificar las sensaciones que el film provoca.

Con una lectura feminista que peca de literalidad (las reacciones al intento de depilación y al magreo con pintura) y con una dirección que tiende a la pretenciosidad (para algo el film es francés), Crudo es una de esas películas que uno ve de mucho en mucho y que son tan necesarias en el contexto actual del fantástico.

Deja un comentario

POR FAVOR CONTESTA A LA OPERACIÓN CORRECTAMENTE *