NOCTURNA 2018: MARTES E INAUGURACIÓN

Seis años lleva Cthulhu rugiendo en la capital. Seis agradecidos (y necesarios) años, gracias a los cuales todos los aficionados podemos dejar de fantasear con Sitges y darnos un empacho de cine fantástico como los primigenios mandan.

Es un clásico del Nocturna empezar con un tostón, y sorprendentemente The Nightshifter aguantó (relativamente) el tipo, pero lo del cortometraje La Bestia no tiene nombre. Un sopor que hizo que sus veinte minutos se enquistarán en nuestras retinas.

The Nightshifter funciona de maravilla como episodio del Guardián de la Cripta, cumpliendo todos los requisitos clásicos de la cabecera: protagonista pusilánime humillado por su castradora (e infiel) esposa de brocha gorda, excusa argumental que sirve como fuga fantástica (forense que habla con los muertos o el chiste de Dios para los que busquen tranquilidad) y pasional venganza de ultratumba. El problema es que esos elementos dan para los primeros cuarenta minutos de una propuesta de casi dos horas. El interés aguantó hasta que se cargan al rastas que hacía de villano en Señalado por la muerte ¿Era el mismo no?

La Noche de Halloween es, desde luego, una propuesta con más enjundia que Feliz día de tu muerte (inauguración del año pasado), pero voy a decir desde ya, que me parece un film inferior al díptico firmado por Rob Zombie; lo que no es óbice para que se establezca, fácilmente además, como el slasher (comercial) más satisfactorio que se ha visto en pantalla grande en muchísimos años…aunque la reciente Hell Fest era entretenidísima.

El regreso de Michael Myers, en forma de secuela directa de la primera entrega, a Haddonfield es una obra tremendamente divertida y agradecida para el fan, que aplaudirá los pocos remilgos a la hora de mostrar apuñalamientos y cabezas reventadas. ¿El problema? Aunque sea la mejor secuela de toda la saga original, no deja de ser una secuela que es pura y dura repetición; aunque es cierto, que establece un interesante diálogo con la obra seminal de Carpenter, que da lugar a rimas en lo visual y volantazos en lo argumental.

Para el recuerdo queda la simpatía de Don Mancini, recogiendo emocionado su premio Maestro del Fantástico, y el plano secuencia de Michael en Haddonfield. Poca broma oiga.

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