NOCTURNA 2018: MIÉRCOLES

Monopolio del cortometraje español en la segunda jornada del Nocturna. Mientras que “Amancio, un vampiro de pueblo” es el típico chiste (español) festivalero que no va más allá de su idea inicial, falleciendo en ella; “Malnacido” si gustó, mezclando Eloy de la Iglesia y Charles Bronson, según palabras de su propio director. De “Lobisome”, por el contrario, poco puede sacarse: corto febril de amiguetismo, totalmente desfasado y con una absoluta falta de interés en todos sus aspectos.

Aterrados tiene una virtud que cada vez escasea más en un panorama plagado de juguetes meta, millenials y relecturas paródicas: sinceridad. Aterrados es tremendamente honesta en su planteamiento: estamos frente a una película de terror, pura y dura, que no necesita de dobles lecturas, ni posturas reflexivas. Una película de horror que no se avergüenza de serlo, algo poco habitual en los tiempos de sabelotodismo que vivimos. Ciertamente confusa en el plano narrativo, la cinta logra estampas de auténtico horror visual y solo puede calificarse de acierto absoluto el pasar de Poltergeist a Lovecraft. Lo mejor del día.

Sin movernos de Argentina sufrimos, en el sentido literal del término, de Abrakadabra: giallo revisionista que irrita como un dolor de muelas, y que no ofrece nada más allá de sus intenciones nostálgicas. El film, a pesar de durar setenta minutos, se hace largo como el montaje del director de Erase una vez en América y ofrece no uno, sino tres finales sorpresa. Una tontería, una chorrada y una mala película, aunque los giallos suelen serlo.En su haber, Abrakadabra ofreció el primer desnudo gratuito del día; y existe una secta satánica que borda su nombre en las toallas que usan en los rituales, tal y como suena.

What Keeps You Alive tiene dos de los personajes más estúpidos que recuerdo. ¿Sabéis el argumento que usan los haters del cine de terror, según el cual los personajes siempre toman la peor decisión? Pues What Keeps You Alive les ofrece un argumente indiscutible para darles la razón, con una de las secuencias más increíbles que recuerdo haber visto. Más allá de la estupidez supina de sus protagonistas, lo sangrante es que el film siempre se queda a medio gas: ni termina siendo un slasher, ni un survival y ¡casi no hay gore! El director mueve la cámara con cierta gracia, pero la idea y el entorno daban para un film mucho más pasado de vueltas.

 

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