NOCTURNA 2018: VIERNES

El Nocturna va llegando a su fin, y el día previo a conocer los ganadores la programación se llenó de hábitos, y es que de monjas fue la cosa.

Heretiks es insufrible de principio a fin. La película más aburrida (de largo) de esta edición demuestra que lo de Howl (que tampoco era para tanto) fue un espejismo y que Paul Hyett es un director al que conviene perderle la pista. Insoportable en su seriedad y risible en sus formas clásicas; formas que además traiciona sin pudor en su tercio final, llenando la pantalla de ridículas monjas poseídas, que han heredado las lentillas de licántropo de la anterior película del director. Un bodrio tremendo.

Con St. Agatha la cosa mejoró, a pesar de ser una propuesta que, de nuevo, adopta forma y estilo de producción de terror, para en el fondo contar una historia de niños robados (o algo así). Viendo la conclusión, no tienen mucho sentido algunas de las decisiones estéticas y formales, pero al menos entretuvo: además obligaban a una chica a comerse su propio vómito, lo que siempre está bien.

Blood Fest cerró la jornada ofreciendo todo lo que podía esperarse de ella: un producto simpático, poco gore, ideal para ver y berrear con cerveza en mano. Con bastantes similitudes con la muy superior Hell Fest, la cinta tiene constantes guiños a mil y un obras del terror. Buena opción para no sobar al público.

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