PREDATOR

Hay que reconocerle a Shane Black que ha realizado, con la nueva entrega de Predator, el film que le ha salido de los mismísimos: un artefacto actioner ochentero/noventero que es capaz, al mismo tiempo, de fascinar y de ofender a los adoradores de las entregas previas (incontables los homenajes o los planos/situaciones calcados), sin rendir cuentas a ninguno de ellos.

Predator es una película verdaderamente divertida, con un segundo y tercer acto que pasan volando, y que no ofrece ninguna concesión a la galería del blockbuster actual. Solamente por ello, conviene otorgarle su justo mérito; pero tampoco podemos pasar por alto que podría haber sido mucho más cojonuda de lo que ha resultado, y más sabiendo que Dekker estaba como guionista.

Pidiendo a gritos un director´s cut que arregle los vaivenes del tercer acto, la nueva entrega del extraterrestre con rastas aglutina comedia, acción y violencia, dejando, eso sí, el terror por el camino. Quería que me gustará muchísimo más, pero es bien digna y con el paso de los años se la recordará con mucho cariño, pero ¡qué banda sonora!

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