RAMBO: LAST BLOOD

Es posible que John Rambo se mereciera un cierre cinematográfico más digno que está última sangre; pero ese sería el caso si tuviéramos en cuenta solamente la notable primera entrega: Acorralado. No hay que olvidar que, por muchos dividendos que haya dado, es una saga que carece de la ¿dignidad? de la que hace gala Rocky. Rambo: last blood es terriblemente mala en muchísimos aspectos (quizás demasiados), pero dicha característica no es óbice para disfrutar con un gore bruto y despendolado, que convierte a Stallone en un trasunto de Jason Voorhes.

Un drama que nadie ha pedido, elementos nada sutiles para dejar claro el crepúsculo del héroe (ese rancho, esos caballos), un elevadísimo componente racista y estereotipado, recursos cinematográficos tan deplorables como el zoom y líneas de diálogo para morir de vergüenza ajena. Exacto, el film es todo eso, pero también tiros en la cabeza, cuerpos ardiendo, corazones arrancados, extremidades cercenadas, huesos partidos con la fuerza de los pulgares. Y por encima de todo ello, un pelazo de 73 castañas, nada más y nada menos.

No es la basura que todo el mundo quiere vender, es la basura (disfrutable, pero muy por debajo de John Rambo) que cualquier persona con dos dedos de frente estaba esperando.

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