READY PLAYER ONE

La desconexión que sufro desde hace años respecto al cine de Spielberg se ha visto seriamente sacudida, frente al gozo que me ha supuesto el visionado de la apabullante colección de guiños que supone Ready Player One para el espectador. Un videojuego en pantalla grande, que como blockbuster y cinta de entretenimiento funciona a las mil maravillas.

No deja de resultar curioso que lo más verosímil de la cinta termine resultando el mundo ficticio que recrea, que es aquel en el que el director centra sus esfuerzos. ¿Y que queda de la realidad? Pues conflictos que avanzan a trompicones, salidas y entradas de personajes porque tiene que ser así y un desarrollo dramático que responde a una serie de frases con un guion delante. Casi parece una broma que un film que se erige en defensa del mundo real realice una representación tan maniquea del mismo.

Es cierto que es nostalgia impuesta sobre el córtex cerebral a base de brochazos gordos y empujones, pero a la hora de entretenerse esto es canelita en rama y demuestra que un Spielberg facilón y sencillo aún es bastante Spielberg.

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