SEÑORES DEL TERROR: WES CRAVEN

A pesar de los varapalos que solía darle la crítica, hoy toca hablar de Wes Craven, un director ciertamente menos dotado técnicamente que algunos de sus compañeros, pero padre del santo y seña del monstruo entendido como artefacto pop: Freddy Krueger.

Pesadilla en Elm Street o como dar el primer paso para construir al monstruo cinematográfico pop definitivo. Freddy Krueger es el motivo por el que amo asustarme con historias de terror, y aunque la cima de la saga siempre será la frenética y despendolada cuarta entrega, es de recibo reconocer las estampas de puro horror que era capaz de ofrecer la obra inaugural, con su actualización del hombre del saco (pedófilo, nada más y nada menos) y un contexto para la historia que impedía dormir a los infantes nunca más: el territorio de los sueños…y las pesadillas.

La nueva pesadilla de Wes Craven o el cierre a la saga original, con un Carpenter que ya daba muchas pistas del juego meta referencial al que iba a entregarse por completo en la saga Scream. Una séptima entrega que es tremendamente digna, con todos los regresos esperados y con ideas aterradoras y secuencias antológicas. ¿Quién puede decir eso en una séptima entrega?

Scream o como reírse del cine de terror adorándolo, mediante uno de los padres (casi) fundadores del subgénero slasher. Representación visual de como ser un listillo sin caer tremendamente mal, permitió a todos los aficionados tener un personaje que era nuestra representación en pantalla: el bueno de Randy. No tan lista como se cree, pero mucho más divertida de lo que parece, Scream es el cine de terror de los 90. Conviene revisar la cuarta entrega, para ver hasta donde fue capaz de llevar Craven el guiño-chiste-referencia-ensayo.

El sótano del miedo o como hacer un cuento para niños con forma de historieta de cómic de terror. Capaz de lo mejor (las criaturas del sótano, el matrimonio sadomaso) y de lo peor (algunas secuencias de acción, diálogos de aquella manera) este sótano representa un cine que ya no se hace: desvergonzado sin tener internet a mano.

La última casa a la izquierda o como llamar la atención con cuatro perras y mucho contenido morboso. Con unos valores cinematográficos discutibles (lo que en la obra de Hooper aparece como recurso, aquí casi pareces descuido o desconocimiento), esta truculenta adaptación de El manantial de la doncella es brutal en su feísmo y tremendamente importante como punto de giro (y no retorno) del cine de terror.

 

Deja un comentario

POR FAVOR CONTESTA A LA OPERACIÓN CORRECTAMENTE *