SIETE DESEOS

No deja de resultar gracioso que un film veraniego con condición clara de pastiche referencial termine resultando refrescante. Siete Deseos trinca absolutamente de todo dentro de las dos últimas décadas del cine de terror, pero al menos se aleja de los fantasmas Warren que ahora resultan norma dentro del género.

El film resulta tan tonto e intrascendente como divertido. Debemos pasar por alto su enfoque teen (sin sangre, con muertes en off) y abrazar con el cerebro desconectado su fórmula de Destino Final + Wishmaster + Pinceladas orientales, al mismo tiempo que nos preguntamos: ¿cuántos años tiene Ryan Phillipe? ¿20? ¿55? Mención aparte merece el speedico montaje: os aseguro que resulta imposible determinar el tiempo diegético; lo mismo pueden ser un par de días, que una semana, que seis meses. Las anfetas que tomó el montador eran calidade.

El verano siempre es mala época para el terror y el horizonte cercano tampoco se antoja excitante, con la presumiblemente floja Inside, todas las esperanzas se encuentran en Verónica de Paco Plaza; por lo que hay que conformarse con productos funcionales y cumplidores como Siete Deseos, y no ofenderse con la vacuidad de su propuesta.

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