TURISTAS

Unas vacaciones en caravana por la campiña inglesa. Un viaje erótico festivo entre una pareja de amantes por los rincones más absurdos del país. Resumiendo, de eso trata Turistas. Una historia de amor (raro y extraño de cojones, pero amor al fin y al cabo) aliñada con asesinatos y mucha flema inglesa en forma de un humor más negro que el carbón.

Las personas somos imbéciles, es lo que parece querer decirnos el director Ben Weathley a lo largo de todo el metraje del film. No importa que seamos populares, extraños o inadaptados, ser idiotas e impulsivos es lo que nos define (idea que se ve claramente en el fantástico final del film) y lo que normalmente nos mueve.

Plagada de situaciones delirantes, momentos bizarros y mucha mala baba (ese killing is green), Turistas es un film extraño, único y peculiar, desubicado dentro del actual panorama fantástico. Una de esas películas que nacen con la definición “de culto” y cuya extrañeza es su principal virtud y defecto.

Nosotros nos quedamos con la visita al museo del lápiz, algo tan Azote que casi parece escrito por servidores.

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