VENGADORES: INFINITY WAR

Que una película como Vengadores: Infinity War, con la tremenda expectación que ha levantado, no suponga una decepción ya es todo un logro mayúsculo. Que, además, el film se establezca, mediante ruido y furia, como la mejor obra del universo cinemático Marvel es una alegría que ríete tú de ganar la Champions League.

Y es que voy a dejar la objetividad a un lado, ya que esta maravilla me grita y escupe a la cara todo aquello que durante mi vida me ha hecho amar los cómics: esto no es una película, esto es un tebeo-evento en movimiento en el que todos los personajes, aún teniendo sus momentos individuales para brillar, se encuentran al servicio de la trama; supeditados a la influencia de un Thanos que sobrevuela toda la obra, aún cuando no se encuentra en plano.

Me he emocionado, me he reído y he disfrutado como un niño chico. Me la pela la saturación, mientras ellos sigan produciendo, yo seguiré consumiendo como un loco. La guerra del infinito es motivo suficiente para salvarte la semana, el mes o el año. Viva el Titán Loco. Viva Marvel, y como diría el jefe, que cada vez se encuentra más cerca del ocaso, Excelsior!

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