VENOM

Venom (¿por qué diantres no es Veneno…? Malditos millenials…) tiene la asombrosa capacidad de satisfacer y decepcionar al espectador curtido en la materia en idéntica proporción, siendo (deduzco) la experiencia más satisfactoria para el neófito.

Olvidaos de todo lo que huela a cómic en el origen cinematográfico del personaje. Nada queda, salvo ideas básicas de brocha gorda adaptadas a los tiempos modernos y condicionadas por el “aquí manda mi polla” que Feige le soltó a Arad. Partiendo de la base de que (casi) todo es inventado, sorprende que el personaje (o la idea del mismo) si se encuentre bien adaptada.

¿Y qué queda por el camino? Efectivas secuencias de acción que se empeñan en ser nocturnas (más por ahorrarse los cuartos, que por revestir de oscuridad la propuesta), detalles freaks que terminan siendo lo mejor de la función (EL CAMEO) y un protagonista que, de tan buen actor que es, se basta para hacer avanzar la película cuando más le cuesta a está.

Una pena que el simbionte tarde en aparecer (malditas películas de orígenes…) y que se nos haya mutilado todo lo que hubiera elevado el producto por encima de la media: la sangre, la locura y las aberraciones científicas que se insinúan, pero nunca se explotan como el tema merece.

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