VERDAD O RETO

Hace mucho tiempo que no veía una película tan tonta como Verdad o Reto. Una mixtura, blanca e inofensiva, entre película de maldiciones, cualquier slasher sobrenatural de baratillo y una secuela tardía de Destino Final. Tan desfasada como, desafortunadamente, poco descerebrada.

Es de auténtico chiste que un demonio se dedique a jugar al lío amoroso triangular con el objetivo de hacer sufrir a sus víctimas. ¿Quién desea obligar a un pobre hombre a comerse los ojos de su madre, cuando puede hacer que declare sus sentimientos por la mejor amiga de su novia? Tan delirante que no resulta ni gracioso.

A ver, la película es de Blumhouse, lo que asegura buena factura y taquillazo; si eres un (pre) adolescente puede que disfrutes con esta soberana gilipollez; pero pecado capital resulta la falta de sangre y diálogos como: solamente tú me apoyaste durante el suicidio de mi padre, eres mi única familia. Es lo que tiene la productora del señor Blum, que por cada Déjame Salir, te cuela una Verdad o Reto.

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